Mundial de Clubes: ¿la Intercontinental reloaded?
La final del Mundial de Clubes de Abu Dhabi confrontó a los de siempre: Europa contra América Latina, Champions contra Libertadores. ¿Y los demás, qué? ¿Cuándo veremos los frutos del espíritu democratizador del Mundial de Clubes? ¿A cuántos años luz se encuentran aún el resto de las confederaciones de los exponentes europeos y sudamericanos? ¿Estamos próximos a ver a algún pequeño romper la quiniela y llegar a la última instancia, ya no digamos alzar la copa? ¿En qué momento los norteamericanos, asiáticos, oceánicos y africanos irán con el triunfo en la mente, y no sólo a realizar el mejor esfuerzo?
Ante este escenario, ¿vale la pena el esfuerzo? ¿Por qué insistir en este experimento, si al final sólo tenemos una Intercontinental reloaded? Yo apoyo al Mundial de Clubes, pero me parece una iniciativa incompleta. Instalar a UEFA y Conmebol en la antesala de la final me parece injusto, por más distancia futbolística que exista con los otros competidores. Sí, son pocos, poquísimos los momentos en que las otras confederaciones han logrado ponerse al tú por tú a los gigantes; pero ahí están los atrevimientos, como el tercer lugar del Necaxa ante Real Madrid (2000), o el 3 – 5 del Gamba Osaka contra el Manchester United (2008). ¿Cómo romper con la tendencia? Intentando, no hay de otra.
Me gustaría aún más apertura en el Mundial de Clubes. Tal como hizo Platini con la Champions, al favorecer la clasificación de los campeones de países con menos proyección futbolística. Siete invitados para un Mundial me parece demasiado escueto. Favorecer, por ejemplo, la entrada del campeón de la Sudamericana y el de la Europa League, de modo que se puedan crear grupos en lugar del nocaut. Sí, lo sé: sigue habiendo supremacía de los de siempre, pero no es lo mismo jugarse una fase de grupos que afrontar sólo una llave previa a la final. O repartamos boletos, como en la Copa del Mundo, a cada confederación. Pero, por nada del mundo, quitemos la iniciativa. Por el contrario, promovamos que el Mundial de Clubes se sienta como tal, y quizá algún día, en un futuro no muy lejano, la hegemonía de Goliath se rompa para beneplácito de los Davides del mundo.





