
Como siempre, cuando tiene que jugar, juega. Lionel Messi siempre aparece, nunca se esconde, pide la pelota y juega. Nunca se achica, nunca pega, siempre encara, gambetea, intenta, driblea y muchas veces, claro, define.
Esa es la diferencia entre un verdadero crack y uno de vidriera, que está más preocupado por la cámara que por marcar la diferencia. El fútbol de Messi es auténtico, no necesita falsos galardones ni ruidos mediáticos, porque Messi, juega cuando tiene que jugar, y eso es suficiente.
Lionel Messi confirmó hoy por qué es el mejor jugador del mundo. Messi saca pecho delante de cualquiera, convierte goles importantes y es figura en todos los partidos, mientras hay otros, que solo convierten goles desde los doce pasos o con algún tiro libre cerca del área.
Messi es otra cosa. Messi no tira una bicicleta perdida en mitad de cancha, donde no lastima a ninguna defensa o un caño mal tirado, ni un pase sin destino ni una gambeta injustificada. Messi tampoco es un desborde con centros mal tirados ni una pose constante frente a la pantalla gigante.
El “Pulga” tampoco es mediático, no realiza declaraciones altisonantes ni se postula para ser contratado por algún equipo. No, Messi no es eso, Messi es el fútbol, es la magia, la fantasía en un paño verde con una pelota como aliada. Cuando Messi juega, los demás jugadores pasan desapercibidos, no existen, se rinden.
Eso es Messi, pero claro, todavía hay algunos boludos que no se dieron cuenta.