Dos minutos separaron a México de clasificarse a la ronda de cuartos de final del Mundial sub-17 de Nigeria 2009. Los aztecas se había puesto al frente con un gol de Guillermo Madrigal al 44′, ante un equipo coreano físicamente potente, pero poco fino en el traslado del balón. Pasaron los minutos y el técnico José Luis González China decidió aferrarse con uñas y dientes a la mínima diferencia. Y por poco y le sale, de no ser porque en el último aliento del encuentro, el coreano Dong Jin sacó un zurdazo que se coló en la meta del guardavallas José Rodríguez, obligando el partido al alargue.
Los tiempos extras fueron otra historia. México apelá a la estrategia Rocky: aguantar al rival hasta que se cansara y desfondarse en el complemento. Con esa mentalidad, la verde cedió la pelota en el primer tiempo extra, sufriendo conforme transcurrían los minutos. La defensa, dirigida por el capitán Efraín Vera, contuvo los quince minutos del alargue. Para el segundo tiempo, México lanzó un latigazo que culminó en un tiro demasiado cruzado de Victor Mañón. Hasta ahí. El Tricolor se quedó sin gas y apostó por la capacidad de Pepe Rodríguez en los once pasos.
Al final, los jóvenes aztecas no pudieron con el peso de una historia negra. Los penales resultaron la perdición. Falló Carlos Campos el primer disparo y no hubo más. Una lástima, porque el mediocampista había jugado un excelente torneo. Ninguno de los coreanos falló, y sin misericordia dejaron al equipo mexicano en la ronda de octavos de final. Toca el viaje de regreso a casa de una generación marcada por la larga sombra que aún proyectan los Niños Héroes de 2005. Se ha terminado una aventura, pero no todo está perdido. Porque para muchos (y apunto a Rodríguez, Basulto, Ponce, Vera, Mañón y el villano Campos), éste es apenas el comienzo.
