
Esta imagen que circula por Facebook es de lo más elocuente. Leonardo, el técnico del Milán, está con un pie fuera. Parece sólo cuestión de tiempo para que el amazónico abandone un banquillo al que llegó con demasiada premura. Tras la salida de Ancelotti y la fuga de estrellas, la directiva rossonera, entusiasmada y enceguecida por el efecto Guardiola nombró irreflexivamente al brasileño como el mandamás del club. Peor decisión, imposible.
No me malinterpreten. Creo que Leonardo tiene madera de ser un buen técnico, pero está en el peor escenario posible para debutar. De entrada, se topó con una plantilla tan envejecida que él incluso ha compartido cancha con algunos de sus dirigidos. Su primera obligación era renovar un equipo cuyos cimientos quedaron tocados con la marcha del capitán Paolo Maldini y la emigración de Kaká a tierras merengues. Por desgracia, su proyecto se apoya en dos co-terráneos que poco han hecho por él. Por un lado, el juvenil Alexandre Pato, cuyo estirón definitivo aún se espera. Por el otro, un Ronaldinho a la baja, apagado, y al borde del desquicio futbolístico. Así nadie puede.
¿Cuánto tiempo aguantarán a Leonardo? No lo sé, pero dudo mucho que su estancia en Milán sea prolongada. Pese a las críticos, el técnico aguanta reacio, y ha dicho que no contempla tirar la toalla. ¿Valdría la pena esperarle? Quizá la dinámica negativa del Milán sea demasiada para revertirla tan pronto. Por lo pronto, su pobre inicio le condena. Ganas no le han de faltar de entrar a la cancha, donde el genio se haya plácido y lúcido, porque en el banquillo Leonardo non vinci.
