Ronaldinho Adiós

Es oficial: Ronaldinho ha llegado al punto de no retorno. Con tan sólo 29 años, el Gaucho ya piensa en el retiro. La historia del brasileño es una más de las estrellas que iluminan el cielo futbolístico con igual brillo que fugacidad. Es innegable que Ronaldinho llegó a la cúspide del fútbol mundial, pero los históricos no se distinguen por arribar, sino por mantenerse.

El caso de Ronnie me recuerda a Rivaldo, otra maravilla amazónica que pasó por el Camp Nou. Las similitudes son asombrosas: el brasileño también le entregó sus mejores años al Barcelona, para recalar en el Milán tras una mala temporada. Rivaldo se fue a Italia con un Balón de Oro (1999) el subcampeonato mundial (2002) bajo el brazo, y muchos apostaban que en San Siro deslumbraría con su magia. Ahí comenzó el declive. Tras la poca continuidad y su magro desempeño con los rossoneros, recalaría en el Olimpiacos, donde aún pudo aportar chispazos de talento, cada vez más a cuentagotas. A sus 37 años, firmó para el Bunyodkor uzbeco, donde juega en el ocaso de su carrera.

La diferencia entre ambos radica en que, mientras que Rivaldo ha decidido terminar con el mayor decoro posible, Ronaldinho prefiere la puerta de atrás. Ha elegido la salida cobarte, la del suicidio deportivo. Su muerte futbolística ha sido lenta. Primero lo cortó Dunga de la selección, y ahora Leonardo lo ha mandado al banco en el Milán. Sólo es cuestión de tiempo para que Berlusconi le dé aire del club. En lugar de buscar renacer en alguna cancha menos exigente (como sus compatriotas Adriano y Ronaldo), ha preferido dejarse llevar por la vorágine de autodestrucción y conformismo. La participación del amazónico en las páginas deportivas quedará ahí, como un destello, un one-hit wonder del balón, una mera sombra de lo que un día fue y no será.