Calderon Aguirre

No es la primera vez que ocurre, y seguramente no será la última. Es triste ver cómo los gobiernos del mundo utilizan la pasión y alegría que despiertan sus selecciones nacionales como pantalla política. Parece que en América Latina nos hemos especializado en la materia. Este martes, en el preámbulo de las eliminatorias mundialistas, en México se anunció que la Secretaría de Hacienda presentará un nuevo impuesto contra la pobreza, bajo el cual se gravarán productos como comida enlatada, jugos envasados, comida precocida, entre otros.

Resulta curioso que el paquete económico de 2010 se anuncie el mismo día del partido entre México y Honduras. Las portadas de los diarios de circulación nacional se dividen entre la política y el fútbol, entre los impuestos nuevos y la alineación del Tricolor. Las reformas propuestas por el presidente Felipe Calderón no son menores. Además de los nuevos gravámenes, se incluye la desaparición de tres Secretarías de Estado (Turismo, Reforma Agraria y Función Pública), más el recorte presupuestal de 218 mil millones respecto a lo programado en 2009.

El gobierno ha aprovechado que el combinado nacional la jaló la marca para filtrar el balón. Inteligentemente, el gobierno de Calderón aprovecha el furor de 90 minutos como maquillaje para acciones que conciernen a la población. Así, una medida que debería someterse al debate público quedará ahogada por los gritos de gol en el Azteca. No tiene la culpa la selección, ni los millones de aficionados que ven en el fútbol una válvula de escape y una fuente de diversión. Pero debe hacerse una lectura crítica y no comerse la pantalla. Porque hoy México dará otro paso fuerte hacia Sudáfrica, pero con impuesto incluído.