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Vélez es el nuevo y justo Campeón de la Argentina. Se consagró en una final que tuvo todos los condimentos necesarios que un gran espectáculo amerita. Jugadas polémicas, penales errados y no sancionados, expulsados, diluvio y granizo y un gol decisivo que se discutirá durante mucho tiempo. De todos modos, Vélez es un auténtico campeón, como también lo hubiera sido Huracán.

Comenté hace unos días que por primera vez sentía que el fútbol era injusto en cuanto a merecimientos. Por varias razones, pero la más importante es aquella que confirma que los campeonatos no se merecen, se ganan. ¿Pero cómo explicar que Huracán también salió campeón si el que festejó fue Vélez? Precisamente por esas cosas que tiene el fútbol donde el que gana es el mejor y el subcampeón es el mejor entre los perdedores.

Pero Huracán fue mejor entre los mejores. Por su idea futbolística y por su filosofía que llega a los pies de los jugadores desde la cabeza de Ángel Cappa y que recobró, no solo para Huracán, sino para todo el fútbol argentino, la cultura del potrero y el descaro para dejar jugar a los talentosos y demostrar que se puede ganar jugando lindo.

Lo más triste para Huracán, incluso más penoso que el haberse quedado con las manos vacías, es el demantelamiento de su equipo de cara al futuro. La urgencias económicas llevaron a la dirigencia a desprenderse de varias de sus figuras y así se torna imposible llegar a un objetivo.

Sé que los hinchas del “Globo” estarán dolidos y embroncados con lo que se vio hoy en Liniers, pero sepan que los hinchas de todos los clubes reconocen el fútbol generoso que ofreció Huracán, que es el mismo que todos alguna vez jugamos con los amigos en la canchita de la esquina o en el campito pegado a la vía y que hace mucho, pero mucho que nos disfrutábamos.

Las felicitaciones para Vélez, ejemplo de institución que hoy consiguió su séptimo torneo local e iguala en títulos a Racing Club. Para Huracán, el agradecimiento por el fútbol sencillo y bien jugado.