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El fallecimiento del boxeador mexicano Marco Nazareth abre nuevamente la discusión sobre las muertes en el boxeo. El “Tejano” murió tras su pelea ante Omar Chávez, hijo de la leyenda boxística, Julio César Chávez. El joven púgil perdió la vida tras ser internado a causa de un derrame cerebral.

Chavez la está pasando mal. Sólo el boxeador sabe qué pasa por su mente al enterarse que ha sido el causante de la muerte de su contrincante. El pugilista se encuentra en shock, y necesita recibir ayuda psicológica para sobreponerse de la tragedia. Abrumado, ha enviado una carta a los familiares de Nazareth:

Hemos orado mucho mi familia y yo por Marco,** me siento muy mal, triste, confundido, con muchas preguntas**, quiero decirle a la familia y amigos de Marco que lo siento muchísimo, estamos con ellos y estamos a la disposición siempre.

Algunos lo consideran un accidente, otro lo plantean como un gaje del oficio. Los más aventurados tildan a Omar de homicida. Difícil de calificar la muerte del joven púgil en alguna categoría. Unos reclaman que cómo es posible que se haya pactado un duelo tan desigual. Otros mencionan que Nazareth no tenía la técnica defensiva tan pulida como para defenderse ante Chávez.

Son momentos complicados, en los que no sirve de nada buscar culpables porque no los hay, y nada puede resarcir el daño. Son situaciones que nos sacuden, nos estremecen, y nos ponen a reflexionar que, detrás de la faramalla y el espectáculo, el boxeo es el combate de dos hombres con la muerte en los puños.

Descanse en paz, Marco Nazareth.