
El fútbol argentino está como está porque todos somos valientes y denunciamos solo cuando nos conviene. Si la “injusticia” me perjudica directamente pataleo, si le toca a otro, me hago el distraído. Una reprochable conducta argentina que suele resolver los problemas propios con culpas ajenas.
Cuando en el campeonato pasado, el esquema de la final que disputó Boca, Tigre y San Lorenzo, se decidió en un sorteo a puertas cerradas, ni Cappa ni los que ahora se creen los dueños de la verdad en el fútbol salieron a denunciar públicamente aquella situación por lo menos sospechosa y por eso hoy, las palabras del entrenador del “Globo” suenan desafortunadas cuando dice “Si esto queda impune, el fútbol argentino no tiene remedio”.
Admiro a Cappa desde la dialéctica y la claridad en los conceptos, pero no en la sentencia terminante como si se tratara del dueño de la verdad, cuando en todo caso, se puede suponer que Huracán fue campeón durante 85 minutos y sin embargo, no pudo sostener el resultado por un planteo que estuvo demasiado lejos de lo que el equipo había demostrado que era capaz.
Huracán no jugó como un equipo que pretende ser campeón. Huracán no encontró la manera de asegurar el campeonato. El “Globo” también fue beneficiado por el referí cuando Araujo se salvó de ser expulsado y Arano salió impune de un patadón a minutos del final.
Ahí no vi a Cappa saltar del banquillo para gritarle al árbitro ¡gracias, gracias por perdonarnos ese penal evidente!
