Ana Gabriela Guevara

El deporte y la política no siempre se llevan bien. Las elecciones en México dejaron un saldo negativo para los atletas que contendieron por un escaño en el Congreso. Entre la lista destacan la velocista Ana Gabriela Guevara, el goleador Carlos Hermosillo, el clavadista Fernando Platas, o el plusmarquista Jorge Camacho. De los deportistas de gran cartel, sólo la taekwondoín Iridia Salazar (medalla de bronce en Atenas 2004) alcanzó a pellizcar un lugar.

Javier Solórzano, periodista mexicano, explica el fenómeno:

"La política se ha vuelto muy compleja, (incluir deportistas en las candidaturas) es banalizar la política y es sobrevalorar el mundo del deporte [...] Los deportistas son llamados por las cúpulas de los partidos, no por las bases. Es decir, les deben más a los dirigentes que a la gente que pueden llegar a representar."

Realmente son muy pocos los deportistas que están capacitados para ejercer alguna función pública (¡vaya! si a veces ni los mismos políticos de carrera lo están). Incluir a atletas conocidos no es más que una acción desesperada de los partidos para grajearse unos cuantos votos. Y peor aún los deportistas que se prestan al juego. No dudo que haya unos cuantos bienintencionados, pero ¿cómo interpretar acciones cuestionables como la renuncia de Carlos Hermosillo a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) para buscar una diputación federal? La ambición ciega.

Ni modo, por muy buenos que sean en sus disciplinas, la política es un juego donde no existe el fair play. Atletas, no empañen sus carreras. Como diríamos acá en México: Zapatero, a tus zapatos