dieguito

La sociedad argentina es ciclotímita, revanchista, ventajera, resultadista y sobre todo, muy hipócrita. Nos acordamos de los problemas cuando el problema nos perjudica, sino decimos, “que se caguen…”

Hoy queda demostrado con esta durísima derrota de la Selección conducida por Diego Maradona, donde jugó mal, estuvo pintada, la bailaron etc. etc. etc. pero no creo que esto haya sido mucho peor que la era Basile o el fracaso y post abandono de Bielsa. Sin embargo, se la castiga como si hubiera quedado fuera del mundial.

¡Muchachos! Paren la mano que no es para tanto. Nadie dijo que el equipo fue un maravilla contra Venezuela, sólo dije y lean bien, por favor, que el equipo recuperó la actitud, la autoestima. A Venezuela había que golearla y lo hizo, con autoridad.

A Bolivia, si el partido se hubiera jugado en River, le habría pasado lo mismo que a Venezuela, no sean hipócritas. ¿Por qué les cuesta aceptar que la esperanza del público futbolero en general cobró vida de nuevo tras la llegada de Diego?

Aquí, pasa lo de siempre. Si no eres Radical o Peronista, si te gusta Bilardo y detestas a Menotti o viceversa, si no simpatizas por River o por Boca, no se puede hablar, y la única realidad es la realidad.

Se perdió un partido con un rival que utiliza la altura como su mejor arma, eso es innegable, ¿o no? y se jugó mal o como se pudo ¿y? Eso, para algunos, significa que la Selección sigue siendo un desastre, como en etapas anteriores, con técnicos anteriores que ni pienso recordar evitando que trasciendan, porque creo que debieron irse del país por vergüenza.

Hay muchos que estarán felices, que encontraron la excusa perfecta para defenestrar, no a mí que soy un cuatro de copas, sino a Maradona y a la Selección. Al mismo Maradona que vitorearon y alabaron y a la misma Selección que les dio tantas alegrías.

Pero no sirve de nada lo que opine al respecto mientras la ¿felicidad? embriague a esta sociedad que no aprende y que festeja con el fracaso de sus hermanos, de sus compatriotas, de su representantes.

Claro, “a mí no me pasó” pensarán o tal vez, “yo no perdí con Bolivia” sea la mediocre reflexión, echando por tierra el valor y el esfuerzo que hacen otros que nos representan, porque para ellos, para los aprovechadores y resultadistas digo, “ganar en Bolivia es fácil” cuando seguramente jamás pisaron una cancha ni subieron un cerro..

¿Y saben qué es lo que a esos tipos más les duele? No es el resultado, sino que el rival haya sido Bolivia, país del que siempre nos reímos, mostrando los filosos dientes de nuestra peor hipocresía y falsa superioridad.

¿Y saben qué? En el asfixiante dolor de la derrota, me queda suficiente aire para alegrarme por Bolivia, de corazón, porque en definitiva sólo es fútbol, donde se gana y se pierde y los resultados tarde o temprano se recuperan.

Lo que no se recupera es la humildad, el honor y el respeto, valores que esta sociedad perdió hace mucho y es muy triste saber que es el fútbol quien desnude estas falencias.

Hoy, también tengo ganas de llorar.