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El fin de semana sufrí una intoxicación provocada por una hamburguesa cocinada por el payaso más famoso, que me provocó un estado tan calamitoso que sólo pude mantener los ojos abiertos para ver los partidos de eliminatorias sudamericanas.

Vi el gran triunfo de Uruguay sobre el líder Paraguay. Una victoria “celeste” que lo mantiene con serias expectativas de ir a Sudáfrica directamente, sin padecer el repechaje.

Y también vi a Brasil. ¡Bah! Es un decir. En realidad vi a Ecuador y a Julio César, el único brasileño destacado y que fue batido sólo porque le patearon desde un metro. ¿Qué pasa con Robinho o Ronaldinho?

Es inexplicable. La altura de Quito fue la excusa de ocasión para los dirigidos por el cada vez más comprometido Dunga. El esquema mal planteado y jugadores ausentes, dejaron en evidencia a un equipo Kaká-dependiente.

Robinho lo único que hizo en los 95 minutos fue una devolución perfecta para Julio Baptista que marcó el transitorio e injusto 1 a 0, mientras que Ronaldinho, absolutamente parado y sin gracia, dejó en claro que aquel jugador explosivo que fue, perdió la alegría.

Brasil estará presente en Sudáfrica sólo porque los demás equipos que luchan por un lugar en el mundial son demasiados mediocres futbolísticamente. Eso sí, deberá rezar para que Kaká no se lesione.