Alguien me dirá que los simpatizantes no tienen la culpa, que los hinchas no deben “pagar” por lo que los denominados “barrabravas” hacen o dejan de hacer, y que esta historia de la violencia no acaba nunca porque forma parte del ¿folclore? futbolístico. Pero tengo tan hinchados los huevos, que considero que es la única forma de parar a estos hijos de puta que nos arruinan los domingos de fútbol.
Señores, es hora de que alguien se ponga los pantalones largos y pare el fútbol. Pero definitivamente. Qué dejen de pensar sólo en las recaudaciones millonarias que ofrece la “redonda” y que sólo llena los bolsillos de dirigentes corruptos, jugadores mediocres, periodistas partidarios y barrabravas. Piensen un poco en los boludos que como yo, se rompen el culo trabajando toda la semana para poder ir a ver nuestro equipo favorito en canchas de mierda.
Y no sólo debe suspenderse bajo una normativa oficial, sino que los hinchas debemos dejar de ir a los estadios mientras no se tomen medidas de fondo. NO HAY QUE IR MÁS A LA CANCHA. Qué se roben la plata y que se maten entre ellos. Bastante tenemos con nuestros gobernantes, como para tener que soportar espectáculos mediocres, con futbolistas mediocres y hasta con hinchas mediocres.
Hoy, desayuno con el video de Ariel Luna, el supuesto asesino de Gonzalo Acro, donde se confiesa culpable de haber disparado a Acro. “Gonzalito o Gonza” fue hincha de River Plate e integrante de los llamados “Borrachos del Tablón”, y fue muerto a balazos en una pelea entre barras en un día de semana y lejos del estadio. Lo que confirma que existía y existe una lucha de intereses fomentada desde la propia dirigencia de River. Cuando digo dirigencia, me refiero al más corrupto y mafioso de los dirigentes argentinos, José María Aguilar, presidente de River Plate.
Perdón, Aguilar es el segundo dirigente mafioso, porque el primero sigue siendo desde hace más de tres décadas, Julio Humberto Grondona, que además es el vicepresidente de FIFA, y que maneja el fútbol a su antojo, y de acuerdo a los intereses personales que más le convienen. ¿De locos no?
La lista negra de muertes en el fútbol argentino asciende a la triste cifra de 225 desde el 14 de mayo de 1939, cuando un partido de cuarta división entre Lanús y Boca terminó con la muerte de un niño de 9 años por la acción policial, hecho que quedó marcado con el célebre título del primer muerto en un estadio. A partir de allí, los hechos de violencia en las canchas de la Argentina se sucedieron de manera reiterada.
Es cierto, el mundo está violento, por qué no debería estarlo entonces el fútbol. Porque es un deporte y nada más. Un juego. Sí, lo sé, también es un gran negocio. Pero nosotros los hinchas, no formamos parte de las ganancias de ese negocio, tan sólo aportamos a las arcas de los clubes.
Pagamos nuestra cuota social, llenamos estadios, adquirimos camisetas, vemos los partidos televisados y consumimos toda la mierda del merchandising futbolero. Tengo colecciones de banderines y hasta biberones con el escudo del club de mis amores que le regalé a mis hijas, tratando de influenciarlas desde pequeñas con los colores de “mi club”. Sabemos reír con las victorias y llorar con las derrotas.
Pero poco sabemos del por qué esos tipos van literalmente a matarse, sólo por llevar en el pecho una insignia diferente, otro estandarte, distintos colores. Tipos que viven amparados por una banda de dirigentes, y que también son utilizados como fuerza de choque. Ya sea para obtener resultados electorales, aprietes a jugadores que no dejan el alma en la cancha, o sencillamente para manejar los destinos del club como mejor les plazca.
Todavía me cuesta entender a la gente que arriesga su vida y la de sus hijos cada vez que pisa un estadio, porque, por lo menos en la Argentina, todos sabemos lo que sucede en los estadios. Infraestructuras deficientes, accesos peligrosos, seguridad que no existe y entradas sobrevaluadas para un fútbol mezquino y gris.
Esos son algunos de los motivos por los que he dejado de concurrir a los estadios. Otros, tienen que ver con la deprimente demostración de fútbol, que nada tiene que ver con el “jogo bonito”, sino con la triste identificación de los jugadores. ¡Si apenas conozco el nombre de los jugadores!
Ahora los futbolistas prestan sus servicios por algunos pocos meses. Ya nadie siente la camiseta ni los colores, y juegan pensando en la transferencia que los salve, que los convierta en millonarios de la noche a la mañana. Tienen la cabeza en el pase a un club grande, europeo si es posible, que les brinde el status que “merecen”, aunque sean unos verdaderos burros.
Mientras, ellos (barrabrabavas, dirigentes, periodistas) se sigan peleando por el mismo queso, yo no piso más un estadio. ¡Qué a mí no me roban más!

Ecelente post Manuel. Ojalá todos pensáramos de la misma manera.
Y por lo mismo, hace años que no voy a ver fútbol.
Saludos
Pues yo pienso que lo que hay que hacer es eliminar la violencia, con sanciones verdaderamente imporantes cuando toque, con cárcel para los violentos, etc.
El problema son esas personas dispuestas a pegarse por su equipo. El fútbol y la afición no tiene ni mucho menos porque aceptar ni incluir eso. Pero no le hechemos la culpa al deporte. La culpa es de la gente que lo hace, y eso es lo que se tiene que acabar.
Lo que dices de la seguridad en los estadios, creo que en España no tenemos ese problema, y nuestro problema se reduce a los violentos grupos de hinchas que suele tener cada equipo.
En cuanto al resto.. sçi, hace mucho que el fútbol es un negocio… pero ¿qué no lo es? Si lo que quieres es deporte, hay que ponerse las zapatillas y salir a la calle a practicarlo, todo lo de más, sólo es circo.
jajjaja Muy bueno Litos lo de la zapatillas. Lo practico, por amor al arte, obviamante. Es muy profundo, el asunto crece para peor, y esto no cambia, muchos menos mejora. Gracias Fernando y Litos, los comentarios son parte del blog. Saludos
Excelente Post, Manu. Para eliminar violencia en América, simplemente hay que ver que hace Inglaterra, aplicando sanciones hasta de beto de por vida.