Hoy no es un día cualquiera en el mundo del fútbol. Tampoco en la vida de Maradona. Hoy cumple 48 años el mejor jugador de todos los tiempos y decidí subir esta fotografía para ilustrar todo lo que representa Diego en el mundo. 

La fotografía lleva por nombre “La mano de Dios” y corresponde a un mural pintado en las calles Helsinski, capital de Finlandia. Sí, leyeron bien, Finlandia. Ustedes se preguntarán que tendrá que ver Finlandia con Maradona y por supuesto la respuesta es obvia: absolutamente nada. O mejor dicho, sólo admiración.

Para los que todavía creen que Maradona es noticia sólo gracias a los miles de argentinos verborrágicos que llenamos nuestras bocas y también nuestras páginas hablando de él. Es por eso que subí esta foto, que por supuesto viste una de las paredes de mi escritorio y confirma lo que vengo diciendo. A Maradona se lo ama o se lo odia, pero nunca pasa desapercibido, ni siquiera en Finlandia.

Hago referencia a esto porque desde que el “Diez” ha sido elegido DT del Seleccionado Argentino de Fútbol, el tema ha levantado polvareda, molestando en los ojos de aquellos que siguen sin entender lo que es un fenómeno. Hablo de un fenómeno dentro de un campo de juego y de todo lo que le brindó a cientos de personas, argentinos y de los otros, sin pedir nada a cambio.

A mí no me importa si Maradona es un buen contribuyente, si se acuesta a las 22 con un osito de peluche bajo el brazo, si va a misa todos los domingos religiosamente o si se tira pedos en una pileta de natación. Sólo destaco la cantidad de veces que me hizo llorar de alegría, o abrazarme satisfecho con el desconocido de al lado en el preciso momento que la pelota cruzaba la línea de gol. Maradona, me ha empachado de lágrima de emoción y de buen fútbol.

No soy tan necio como para defender al soberbio, al mentiroso o al drogadependiente. Tampoco lo juzgo. No tengo con qué. Sólo levanto la bandera que sólo Diego hizo flamear en el cielo orgulloso de nuestro fútbol, de nuestra casa, y sobre todo en nuestro corazón. Eso es suficiente para que ahora yo sienta que tengo una deuda impagable con el astro. ¿O acaso las deudas se contraen sólo con bienes tangibles? ¿Acaso que te regalen montones de alegrías no basta para estar en deuda con alguien? Yo creo que sí.

En los países subdesarrollados, donde la mentira y la estafa es moneda corriente, donde los logros siempre se muestran inalcanzables como la zanahoria y el futuro es sólo una quimera, la alegría tiene otro valor. Un valor que sólo aprecian los que sufren, los desamparados, los que no están detrás de la divisa de turno para que calme sus nervios o en la búsqueda frenética de esa cartera de moda que cotiza a un precio obsceno.

En los países como en los que yo vivo, 90 minutos de pasión y de fútbol impredecible, mágico o lírico, suelen convertirse en el más efectivo de los remedios para tanta enfermedad hostil y tercermundista. Seguramente nunca lo entiendan y no los critico. Sí les pido, que intenten comprender la sensibilidad de este sencillo editor, que carga con el peso de una deuda imposible de pagar. ¿Cómo voy a hacer para pagarle a Diego todo lo que me dio?

Tendrían que haber nacido acá para saber cómo vibra un gol de Maradona en la garganta.

Enlace: Nadie sabe de la Selección como Maradona l Foto: Archivo personal