El paso del tiempo no perdona a nadie y menos a los deportistas que, unos más tarde que otros, ven como las nuevas generaciones vienen más altos, más fuertes y más rápidos. Pero hay un momento en el que algunos jugadores dejan de ser mitos para convertirse en leyendas.
Hablamos de Oliver Kahn, el rubio portero del a selección alemana y el Bayern de Munich, que hace unos días colgó definitivamente los guantes en un partido homenaje en el que se enfrentaron el Bayern de Munich y un combinado alemán, el cual consiguió llenar el Allianz Arena de Munich.
De ese partido Kahn jugó los primeros 75 minutos, hasta el momento en el que sonó por la megafonía del estadio “Time to say goodbye” -Es tiempo de decir adiós- a modo de despedida. Y entonces la ovación fue atronadora, larga, sentida por los espectadores y agradecida por el propio Kahn al reconocer dicho momento como “uno de los más grandes y emotivos” de su carrera.
King Kahn, como se le conoce en Alemania, debutó en el Karlsruhe en 1987, y en 1994 fichó por el Bayern Múnich, de donde no se movería en los 14 años siguientes. Hasta la pasada campaña en la que anunció su despedida, pero dejando su huella al ayudar a su equipo a ganar Liga y la Copa.
Los números de Oliver son difícilmente superables para un portero que ha jugado 557 partidos en la Liga alemana:
- 8 títulos de la Bundesliga y 6 copas.
- 1 copa de la UEFA (1996)
- 1 Copa de Europa (2001)
- 1 Intercontinental (2001)
- Balón de Oro del Mundial de Corea-Japón 2002
Vía: Agencia EFE

