
El hijo pródigo había regresado a casa, pero poco le duró el gusto a todos los involucrados porque con tan sólo 9 encuentros disputados como local ha decidido despedirse del basquetbol profesional.
Como sucede en muchas ocasiones, las malditas lesiones cobran una víctima más, para Webber es la rodilla izquierda la que lo obliga a tomar la decisión de abandonar las duelas.
Sin lugar a dudas es uno de los íconos en la historia de este deporte, y aunque no tuvo la fortuna de ganar un campeonato con Golden State, ya tiene su lugar bien reservado en el salón de la fama de la NBA.
Enlace: La historia que no pudo ser

