No sabemos, eso sí, por cuanto tiempo. Pero ayer dejó la prisión de la calle Petrovka 38, donde, como ya os contamos, estaba encarcelado desde el pasado sábado, con visita frustrada de Karpov incluida.

Lo curioso es que durantes los días que ha permanecido en prisión no le han dejado (como ya contamos) recibir visitas, pero sí le permitieron recibir unos libros y un set de ajedrez. ¿Para ver si le volvía a coger el gusto o qué?
El caso es que, a pesar de los intentos, Kasparov sigue a lo suyo: intentar evitar que el actual presidente Vladimir Putin salga reelegido por tercera vez consecutiva (algo que de por sí prohíbe la Constitución rusa).
En esta línea, Kasparov ya ha bautizado a Putin, como “Calígula” y le ha comparado con Franco o Mussoline. Así que, Kasparov no tiene pelos en la lengua y no parece ir a ponérselo fácil al actual presidente del país.
No en vano, el gran ajedrecista abandonó la práctica de este deporte en marzo de 2005 para dedicarse a luchar por lo que él considera un país más libre y en esas está. Cabeza, desde luego, no creemos que le falte.

