En el año 2002 el mundial vuelve a tierras “extrañas”. Con los horarios más difíciles de seguir para el continente americano, Japón y Corea del Sur se asociaron para recibir a las selecciones en 20 sedes diferentes.

Nuevos esquemas, nuevas tierras, nuevas caras y como todo era novedad, Fevernova y un nuevo diseño.

Repitiendo el buen resultado obtenido con la espuma sintáctica, el Fevernova se fabrica en este material para asegurar mayor precisión y transmisión de energía. Un poderoso chasis formado por 3 capas tejidas incrementan la precisión y velocidad del balón, al lograr que la respuesta del balón a la fuerza y posición del golpe sean mucho más finas, de acuerdo a las pruebas realizadas por una pierna robótica que forma parte del “staff” del laboratorio de Adidas.

El diseño rompió con la tradicional línea Tango, y sobre el área blanca del balón se dibujan diseños inspirados en una turbina, emulando asi el desarrollo tecnológico de los países anfitriones. Los colores dorado y el rojo de las llamas transmiten la idea de energía, y el nombre Fevernova hace alusión a la fiebre del fútbol que se empezó a vivir también por esos lejanos rincones del planeta.

Fevernova el balón de un mundial muy significativo para mí, por ser el primero al que mi selección -Ecuador- clasificó y si bien pagó el ser novel al despedirse en primera ronda, se pudo regresar con una victoria sobre Croacia. El partido final, Brasil vs Alemania, fue el primer partido que disputaron dichas selecciones en la historia de mundiales, con resultado favorable a Brasil que se levantó con su pentacampeonato apoyado en su goleador Ronaldo, que se anotó 8 porotitos. El recuerdo gracioso que viene a mi mente: Las cámaras de televisión enfocan a la barra ecuatoriana y veo un montón de ojitos rasgados vistiendo la camiseta amarilla. Eran extras, supongo.

Fuente: Adidas, Die Welt