Partido vibrante desde el primer minuto. Dos equipos que traían todas sus municiones para alcanzar el último objetivo del año: la Copa Nissan Sudamericana.

17 minutos y un tiro de esquina fueron necesarios para que Marco Antonio Palacios logre inaugurar no sólo el marcador del partido, sino su propia carrera, elevándose por encima de toda la defensa. El tanto motivó a Vélez a buscar el gol de la igualdad que nunca llegó, no así el cansancio que junto con la expulsión de Fabián Cubero, afectaron el ánimo y rendimiento del equipo.

El resto de la noche tuvo un solo nombre: Bruno Marioni. El goleador de la copa, demostrando su calidad al definir, dejó claro lo que se venía cuando después de embocarla en el minuto 51 con un disparo rasante desde fuera del área, celebró acrobáticamente el segundo tanto: No había fuerza que lo detenga.

Minuto 77 un taquito soberbio (con cariñito del arquero incluido) terminó de sepultar a Vélez, para finalmente en el minuto 88 terminar el castigo con una pelota pescada de cabeza en el área chica. Marioni simplemente sensacional.

Triunfo merecido de los Pumas y derrota muy bien asumida por Vélez, que se fue de la cancha sin protestas, con rabia y desilusión, pero con la seguridad de haberlo entregado todo.

La ficha del partido

Queda en el ambiente esa expulsión de Cubero. Escucho en los medios argentinos que tienen sus dudas acerca del merecimiento de la tarjeta roja. Efectivamente el arbitraje en Argentina no es tan rígido, pero según el librito una falta desde atrás es descalificadora. Corrió el riesgo, asuma la consecuencia caballero.